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¡Qué contradicciones se encuentran en la obra del ministro!

Es una dulzura amarga, una tristeza llena de gozo.

– John Newton

Desde que plantamos Iglesia Reforma el año pasado, cada semana alguien me pregunta, “¿Y cómo va la iglesia?”. Confieso que muchas veces me cuesta encontrar una respuesta adecuada. Por un lado, ¡me encanta estar en el ministerio! Me encanta caminar en el evangelio con otras personas, pastorear una comunidad, predicar, enseñar y participar en todo lo emocionante que conlleva ser parte de una plantación. Sin embargo, no todo en el ministerio es divertido. Al contrario, el ministerio está lleno de situaciones difíciles y pecaminosas.

No sé quién lo dijo primero, pero lo he escuchado varias veces: el ministerio sería fácil si no fuera por todas las personas pecaminosas. Y es justamente eso lo que hace el llevar a cabo el ministerio tan dificultoso, pero también es la razón por la que el ministerio existe.

Lo mejor y lo peor

En su libro, La Justificación del Pastor (The Pastor’s Justification), Jared Wilson describe la naturaleza contradictoria del ministerio:

Hay muchas cosas que te podrán enseñar en seminario pero que realmente no aprenderás hasta que estés profundamente involucrado en ellas. Cosas como:

  • Iglesias realmente se dividen por el color de la alfombra.
  • Despedir a voluntarios es lo peor.
  • Disciplinar formalmente a un miembro de la iglesia que es tu amigo es aún peor.
  • Algunas mujeres estarán siempre heridas porque tu esposa no quiere ser su mejor amiga.
  • Habrán algunas reuniones de las cuales no estarás seguro si las sobrevivirás. Literalmente. Digo, tal vez querrás considerar tu teología de autodefensa y/o chequear tu póliza de seguro de vida.

Pero también hay cosas como:

  • Ver enemigos reconciliarse en base al evangelio es increíble.
  • Aconsejar a personas quebrantadas y llevarlas a un tiempo de restauración es bello.
  • Escuchar a personas profesar fe en Jesús es emocionante.

Muchos no conocen ambos lados del ministerio hasta que lo hacen. Desde afuera uno puede hacer todo para prepararse: leer libros, asistir a clases, ser ordenado, etc. Pero ser un pastor es infinitamente más difícil que prepararse para serlo. Como dice Jared Wilson: «El ministerio es un tesoro de glorias y muertes. Nada te puede preparar para ‘tomar tu cruz’ de esta manera excepto hacerlo».

¿Qué es el ministerio?

Aunque no he estado en el ministerio por mucho tiempo, he aprendido la necesidad de definir el ministerio de acuerdo a la Biblia y no mis expectativas. No solo habló acerca del ministerio pastoral pero también de cualquier función que alguien tiene en la vida de la Iglesia para llevar a cabo la misión de hacer y crecer discípulos de Cristo. Como mencioné anteriormente, desde afuera el ministerio puede parecer genial, y ¡en muchas ocasiones lo es! Pero muchas veces el ministerio parece genial porque solo destacamos las partes positivas (llenamos el edificio de personas, bautizamos a 20 nuevos creyentes, tuvimos tal conferencia, etc.). En realidad, el ministerio es mucho más que eso.

El ministerio existe principalmente porque Cristo nos ministró primero a través de su vida, muerte y resurrección (el evangelio), y ahora nos ha encomendado con una misión para compartir ese mismo evangelio a otros (Mt. 28:18-20). El evangelio es necesario porque nosotros somos pecadores y todos nuestros problemas encuentran su raíz en el pecado. Ministrar, entonces, en gran parte es lidiar con los problemas de otros, los pecados de otros, y apuntarles hacia la única solución verdadera: Cristo (Ro. 10:13-15).

Estar en el ministerio es lo mejor porque estamos participando directamente en la misión de Dios de reconciliar a pecadores con sí mismo. Claro, nosotros no somos el poder o la fuente de salvación: somos nada más que heraldos de las buenas noticias que Cristo salva, y esta es la obra más gratificante y satisfactoria en la que podemos participar. Pero, estar en el ministerio también es lo peor porque hemos sido enviados como heraldos a un mundo caído. Y mientras somos sus instrumentos, también somos imperfectos. Cometemos errores, fracasamos frecuentemente, y nos tropezamos en cada paso de llevar a cabo la Gran Comisión que hemos sido dados.

¿Qué esperanza hay para el ministro entonces?

El ministerio es difícil

La Biblia no presenta un concepto de ministerio que es todo alegre y para nada difícil. Sinceramente, presenta lo opuesto:

Pues en todo nos recomendamos a nosotros mismos como ministros de Dios, en mucha perseverancia, en aflicciones, en privaciones, en angustias, en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos, en pureza, en conocimiento, con paciencia, con bondad, en el Espíritu Santo, con amor sincero, en la palabra de verdad, en el poder de Dios; por armas de justicia para la derecha y para la izquierda; en honra y en deshonra, en mala fama y en buena fama; como impostores, pero veraces.

Somos tratados como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, pero vivimos; como castigados, pero no condenados a muerte; como entristecidos, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo.

2 Corintios 6:4-10

Somos llamados a ser ministros de Dios, representantes del evangelio, en las peores circunstancias. ¡Somos llamados a ir y entrar a los lugares más oscuros para brillar la luz del evangelio! Esto no es fácil. Muchas veces significa sufrir con los que están sufriendo. Sacrificar lo que tenemos para servir a los demás. Y en algunos casos, significa darlo todo hasta el punto de la muerte. Que nuestra oración tenga el mismo espíritu como la de Pablo cuando dijo: «Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios» (Hechos 20:24).

El evangelio para el ministro

Las buenas noticias para el ministro son las mismas que las buenas noticias para el que está siendo ministrado: Cristo lo ha hecho todo. Y porque Él nos está haciendo perfectos, por medio del Espíritu y gracias a su obra en la cruz, podemos confiar en que Él nos usará y santificará a través del ministerio también.

Como lo dice el pasaje de arriba, podemos ser pobres pero enriquecer a muchos porque aunque no tengamos nada, lo tenemos todo en Cristo (2 Cor. 6:4-10). Él es nuestra esperanza, en lo bueno y en lo malo.

Al fin y a cabo, el ministerio no es solucionar los problemas de los demás, sino apuntarles a la única persona que realmente puede ayudarles. En cualquier caso, sea lo mejor o lo peor, el éxito y la satisfacción del ministerio no se debe medir por meras circunstancias, sino por lo que Cristo está haciendo al trascender nuestras circunstancias y obrar a través de y en personas imperfectas y ordinarias.


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Steven Morales

Steven es el Director de Operaciones para Coalición por el Evangelio. También sirve como uno de los pastores en Iglesia Reforma en la Ciudad de Guatemala. Puedes encontrarlo en Twitter.